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Domingo, 16 de Octubre, 2005

"Primera velada" por Arthur Rimbaud

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Ella estaba tan desnuda...
grandes árboles indiscretos
tendían al cristal sus ramas
con malicia, cerca, cerca.

Sentada en mi gran silla,
el cuerpo semidesnudo, ella trenzaba las manos.
Sobre el suelo de la estancia,
de gozo se estremecían sus piececitos tan finos.

Miré, color de la cera,
un pequeño rayo montés
mariposeando en su sonrisa
y por encima de su pecho como mosca en un rosal.

Besé sus finos tobillos.
Su risa dulce y brutal
se desgranó en claros gorjeos
alegres y cristalinos.

Los pies bajo la camisa
se escurrieron: “¡Estáte quieto!”
El primer atrevimiento
fingió castigar su risa.

Palpitantes bajo mis labios,
besé muy suave sus ojos:
ella reclinó su cabeza
delicada: “¡Ah!, mucho mejor...

Señor, debo decirle algo...”
Le arrojé el resto a su pecho
en un beso que le produjo
risas de consentimiento...

Ella estaba tan desnuda...
Grandes árboles indiscretos
tendían al cristal sus ramas
con malicia, cerca, cerca.

ARTHUR RIMBAUD

De " Poesías y otros textos"

Escrito por ReJeCt a las 01:46 | Comentarios (5)

Martes, 4 de Octubre, 2005

La creación de Frankenstein

Henry Clerval... asesinado por el engendro a quien yo había dado vida... recordé, estremeciéndome, el loco entusiasmo que me había impulsado a la creación de mi implacable enemigo y la noche en la que conseguí darle vida.

Todo comienza en un día lluvioso, cuatro amigos se encuentran encerrados en una casa a la orilla de un lago, y de por medio, un reto; ¿Cúal de los cuatro conseguirá ser aquel que consiga relatar la mejor historia de fantasmas?. Esto que podría considerarse el inicio de una película de terror para adolescentes, de un relato con poco futuro o incluso una recopilación de capítulos de “El club de medianoche” resultó ser el escenario ideal para dar a luz la magnífica obra literaria Frankenstein de “Mary W. Shelley". Estos cuatro amigos no eran otros que la propia autora, el marido de la misma, "Percy B. Shelley", "Lord Byron" y el médico de este, "John Polidori", que en 1816 en una de las escapadas a una mansión junto al lago Leman, acosados por el tedio, y la inspiración del temporal que les acompañaba decidieron dar inicio a tan particular apuesta. Se podría decir que en esta pequeña contienda se hallaron victoriosos Mary W. Shelley con Frankenstein y Polidori con “Los Vampiros” ambos consiguieron gracias a sus respectivas obras el mayor reconocimiento hallado hasta el momento.
Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851) tan sólo contaba con dieciocho años cuando concibió su mayor obra Frankenstein. ¿Cómo podían surgir todas aquellas ideas sobre la vida y la muerte de una mujer, que a pesar de llevar diversas experiencias, se podría decir que no había recorrido ni la tercera parte de su vida? Esta pregunta también surgió en 1818 tras el éxito obtenido por su relato, así pues Mary W. Shelley decidió dar una pequeña explicación al comienzo de su libro:

"En el verano de 1816 visitamos Suiza y nos convertimos en vecinos de Lord Byron. (...) Pero resultó ser un verano húmedo y desagradable, la lluvia incesante nos impedía con frecuencia salir de casa. Unos volúmenes de historias de fantasmas, traducidos del alemán al francés, cayeron en nuestras manos. (...) No he vuelto a leer aquellas historias desde entonces, pero permanecen frescas en mi mente, como si las hubiese leído ayer.
"Cada uno de nosotros escribirá una historia de fantasmas", dijo Lord Byron, y su propuesta fue aceptada. Éramos cuatro. (...)

Yo me urgí a mí misma a pensar una historia, una historia que pudiese rivalizar con las que nos habían arrastrado a aquella empresa. Una historia que hablase de los misteriosos temores de la naturaleza y que despertase el más intenso de los terrores, una historia que creara en el lector miedo a mirar a su alrededor, que helase la sangre y acelerase los latidos del corazón. Si no conseguía todas esas cosas mi historia de fantasmas demostraría ser indigna de ese nombre. Pensé y reflexioné, en vano. (...) ¿Has pensado ya una historia?, me preguntaban cada mañana, y cada mañana me veía forzada a replicar con una mortificante negativa.

La invención, debe admitirse humildemente, no consiste en crear desde el vacio, sino desde el caos (...). La invención consiste en la capacidad de atrapar las posibilidades de un tema y en el poder de moldear y dar forma a las ideas que sugiere. Muchas y largas fueron las conversaciones entre Lord Byron y Shelley, a las que yo asistía como una devota pero, casi siempre, silenciosa oyente. Durante una de esas conversaciones, se discutieron varias doctrinas filosóficas y, entre ellas, las referidas a la naturaleza del principio de la vida, y también la posibilidad de que dicho principio llegara a ser algún día descubierto y divulgado. Hablaron de los experimentos del doctor Darwin (...).
Cuando apoyé la cabeza sobre la almohada no pude dormir, tampoco podría asegurar que estuviese pensando. Mi imaginación, sin yo requerirlo, me poseyó y me guió, dotando a las imágenes que surgían en mi mente de una intensidad que estaba más allá de las fronteras del sueño. Vi - con los ojos cerrados, pero a través de una aguda visión mental -, vi al pálido estudiante de artes diabólicas arrodillado al lado de aquella cosa que había conseguido juntar. Vi el horrendo fantasma de un hombre yacente, y entonces, bajo el poder de una enorme fuerza, aquello dio señales de vida y se agitó con un torpe, casi vital, movimiento. Era espantoso (...).
La idea había tomado posesión de mi mente de tal manera que el miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío y traté de cambiar las fantasmales imágenes de mi fantasía por la realidad que me circundaba. (...) Al día siguiente anuncié que había pensado una historia."

Años más tarde a la muerte de su marido escribió una novela histórica “Valperga”(1923) y “El último hombre” (The last man)(1926) en esta última Shelley recuperaba el espíritu más romántico de la novela, donde da su visión de la desestructuración familiar, da una dura crítica del ser humano y habla sobre la desintegración de la sociedad. Mary W. Shelley consiguió así mantener su economía gracias a esto y a los modestos ingresos percibidos gracias a las críticas (). Entre sus obras póstumas se encuentra “Mathilda” que no fue editada hasta 1959, más de 100 años después de su muerte.

Frankenstein ha sido la obra literaria con mayor número de adaptaciones al cine. Así nos podemos encontrar con las viejas cintas de James Whale que en 1931 creó el primer “El doctor Frankenstein” audiovisual de la historia con Boris Karloff como el famoso monstruo de lo que sería más tarde una saga de la Universal. Así le seguía “La novia de Frankenstein” dónde de la desvirtuación de la clásica obra nacía una nueva obra de arte para el cine de la mano nuevamente de James Whale con Karloff repitiendo en la piel del monstruo y Elsa Lanchester como su novia. Boris Karloff decidió encarnar nuevamente al horripilante ser en “El hijo de Frankenstein” dónde Whale ya no estaba presente en la dirección tras unas discusiones con Universal, así fue Rowland V. Lee quien pasó a dirigir la tercera entrega de esta particular saga. Hay infinidad de títulos que nos recuerdan el mito de Shelley, incluso aquellos que satirízan con la obra como es “El jovencito Frankenstein” de Mel Brooks, pero se podría decir que ninguno lo hace con tal acierto como Kenneth Brannagh en 1994 con: “Frankenstein de Mary Shelley”, que salvo por un par de curiosidades podríamos considerar como el reflejo de la obra.

Por: Sorsha

fusilado de www.fantasymundo.com



Escrito por ReJeCt a las 00:56 | Comentarios (7)